martes, 28 de abril de 2015

Resiliencia Comunitaria para afrontar la Gran Transición


Actualización de los "Limites Planetarios" Enero 2015.




La investigación “Límites Planetarios” constituye un avance importante en nuestra capacidad de cuantificar los componentes del sobrepaso o desbordamiento global. Permitidme sugerir que todas las presentaciones sobre los límites planetarios deberían incluir una discusión sobre la Ley de Liebig-una perogrullada ecológica que puede resumirse en “una cadena es sólo tan fuerte como la pieza más débil”. No hemos de esperar a que los nueve límites sean transgredidos para que una calamidad global nos amenace; todo lo necesario para triturar la red del ecosistema es que uno de los límites sea sobrepasado de forma fehaciente, y por un tiempo suficiente. Visto desde esta perspectiva, el hecho de que cuatro de los nueve límites identificados estén ya superados con creces nos debería causar una preocupación profunda.

Sin embargo, la exposición de Johan Rockström sigue la fórmula familiar y necesaria: la civilización industrial nos está propulsando hacía un colapso planetario, pero todavía hay tiempo de cambiar el funcionamiento del sistema operativo civilizatorio para asegurar la supervivencia y bienestar de todos, incluso si la población sigue creciendo. He usado esta fórmula en ensayos y conferencias varias veces, y cada vez que lo hago, me sorprendo sintiéndome in poco insincero. Si, como intelectual público, es nuestra labor prescribir la medicina que pensamos que mejorará el estado del paciente (en este caso a la civilización). Pero, ¿Es nuestra receta capaz de curar la enfermedad?

Afrontémoslo: la condición de nuestro paciente está empeorando. Además, hemos observados casos como este con anterioridad (por ejemplo, han habido civilizaciones previas que han sobrepasado la capacidad de carga de su ambiente), y en todos los casos el resultado fue calamitoso. Sin embargo, siguiendo esta fórmula discursiva, un hipotético tratamiento a proponer, consistiría en la sustitución energética, mejoras masivas en la eficiencia en el uso de los recursos, redistribución de la riqueza, y gobernanza global; a pesar de que nunca antes se ha intentado, parece ser nuestra única esperanza.

Una nueva corriente de pensamiento ecologista- a veces etiquetado como fatalista o derrotista- sostiene que es demasiado tarde para estas panaceas. El paciente no tiene el menor interés en tomar nuestra medicina (propuestas para la sostenibilidad se han ido presentando desde “Los límites del crecimiento” en 1972, pero las élites globales se han mostrado completamente desinteresadas en cualquier toma de acción que no prometa la continua expansión del PIB), y la enfermedad esta demasiado avanzada (hemos puesto en marcha procesos de retroalimentación geofísicas que no pueden ser revertidos). Los fatalistas más extremos insisten en que la extinción a corto plazo esta ya asegurada. Olvídense de intentar salvar la civilización, dicen; piensen en la habitabilidad del planeta.

El fatalismo tiene la virtud de la voluntad de mirar y enfrentar la situación a la cara sin pestañear. Pero ha sido criticada por subestimar el posible rol de reequilibrar las retroalimentaciones entre ambos, el ambiente y las sociedades humanas; además, desempodera tanto a sus defensores como a su audiencia, que tiende a adoptar una actitud cínica, apatía y resignación. ¿Hay una tercera aproximación?

Parece que podríamos comenzar por reconocer que la crisis está ahora asegurada. Que no significa que la extinción a corto plazo sea inevitable, pero si que en este siglo veremos con casi certeza total convulsiones ecológicas, económicas y sociales en una escala sin precedentes. Los fatalistas están en lo cierto diciendo que es demasiado tarde para entrar en el juego, pero errados en simplemente renunciar a actuar.

Una estrategia alternativa sería anticipar crisis y usarlas a nuestro favor. Tal estrategia basada en las crisis buscaría primero proporcionar formas y caminos para la gente y las instituciones para adaptarse a los cambios venideros, en la dirección de crear más resiliencia en la comunidad y satisfacer las necesidades básicas humanas de forma más sostenible en el largo plazo. Esto implicaría casi con total certeza la implementación de deferentes tácticas adaptativas para las sociedades, variando los niveles de industrialización (o des-industrialización, como sería el caso). Una estrategia secundaria sería publicitar amplia y consistentemente una explicación ecológica para las inevitables crisis (superpoblación, agotamiento de recursos, polución) que pudiera al menos reducir parcialmente la tendencia social a buscar chivos expiatorios en situaciones de empeoramiento económico. Esto podría evitar de forma significativa una parte significativa de los conflictos.

La crisis puede ser un profesor. Todas las sociedades humanas indígenas han aprendido eventualmente a auto-contenerse, si permanecían en un lugar durante un tiempo suficientemente largo. Descubrieron mediante prueba y error que exceder la capacidad de carga de su territorio conducía a consecuencias fatales. Por ello estas gentes nos parecen a los “modernos” como ecologistas intuitivos: tras haber sido golpeado de forma repetitiva por el agotamiento de recursos, la destrucción del hábitat, la sobrepoblación y las resultantes hambrunas, llegaron a la conclusión de que la única forma de ser golpeados de nuevo era respetar los límites del medio natural, conteniendo la reproducción y protegiendo al resto de formas de vida. Nosotros hemos olvidado esa lección, por que nuestra civilización fue construida por gente que conquistó exitosamente, colonizó, y tras ello se mudó a otro sitio para llevar a cabo los mismos patrones de nuevo-y por que nosotros estamos disfrutando un regalo único en forma de energía fósil que nos capacita en nuestra propia omnipotencia, excepcionalismo e invencibilidad. Pero ahora se nos han acabado los sitios que conquistar, los mejores combustibles fósiles se han usado, y las consecuencias ambientales de quemarlos están empezando a alcanzarnos. Podemos aprender de la crisis; la antropología cultural nos lo muestra. Pero, en este caso, necesitamos aprender rápido, y  tal vez un poco de esfuerzo organizado para ayudar a ese proceso estaría bien empleado. El discurso de los límites planetarios podría ayudarnos a explicar a las masas asustadas por que el mundo parece estar desmoronándose ante ellos, mientras que la construcción de resiliencia comunitaria podría ayudarnos en la adaptación a las condiciones cambiantes.


Por el momento, la mayoría de activistas ambientales continuarán (y probablemente deban) publicando nuevos informes diciendo, “Si no cambiamos las políticas, cosas terribles sucederán”, y, “si cambiamos las políticas todo el mundo podrá vivir en paz y prosperidad”. Simplemente estoy sugiriendo que algunos de nosotros deberíamos pensar estratégicamente sobre que hacer si los líderes mundiales no toman medidas para reducir drásticamente las emisiones de carbono y redistribuir la riqueza. Las crisis seguidas por resiliencia comunitaria parece ser el plan de repliegue lógico.

viernes, 17 de abril de 2015

Reflexiones e Impresiones en Transición



Hace unos meses decidí pasar de la idea a la acción, de forma menos gradual, partiendo de la opinión formada sobre la encrucijada sobre la que trata este blog, en busca de más coherencia, y con visos de seguir involucrándome en una tarea tan necesaria como ardua, llena de incertidumbre y carente de garantías, tanto de de éxito como de “guión” y experiencias consolidadas y extrapolables a cada realidad local, la Transición.

Para ello, presenté mi dimisión de un trabajo cómodo, relativamente bien pagado, pero que realmente me generaba grandes contradicciones y no me hacía sentir realizado. Aprendí mucho tras más de cuatro años, siendo la lección más importante que el dinero no me daba la felicidad, como me había hecho creer el sistema a través de la publicidad, el cine, la televisión y la educación. Estas ideas están incrustadas en el pensamiento colectivo, “eres lo que posees”, la posesión y la realización vía consumo. Un camino ciego, que nos hace acabar vacíos y que irónicamente, hace que nuestras posesiones materiales y el apego que profesamos hacia ellas acaben poseyendo, limitando y dirigiendo nuestras acciones y nuestro devenir.

Tras dos semanas en un camino por abrir y haciendo lo que realmente me pedía la mente y el cuerpo, vuelvo con estas reflexiones personales que me van surgiendo, que no se si a alguien podrán resultarle interesantes, pero que al plasmarlas por escrito consigo sacarlas de mis adentros, y verlas en perspectiva, sin juzgarlas, desprendiéndome de ellas y aprendiendo en el proceso.

Camino por hacer, plagado de incertidumbres 


Han sido días de huerto, reuniones, re-asentamiento, rotura con conductas aprendidas y rutinas que me hacían sobrellevar las contradicciones que el BAU me generaba, mal que bien, en muchos casos quemándome tanto física como psicológicamente. Semanas de observar con detenimiento, de aprender, de convivir y conocer gente estupenda, que consigue no solo que mi Transición, tanto interior como exterior cobre sentido, si no que su compromiso y fuerza me resulta inspiradora. La satisfacción de empezar a reconciliarse con la tierra, volver a contactar con la naturaleza, consumir local, ecológico y lo justo y necesario, haciendo camino hacia una simplicidad voluntaria, con tintes estoicos y epicúreos; conclusiones positivas del comenzar a avanzar, cuando apenas casi he aprendido a gatear. En esto consiste realmente la vida.

A raíz de la recopilación y estudio para un artículo sobre el Cambio Climático (o ya disrupción climática) uno de los problemas más graves a los que nos enfrentamos (sino el más), apenas tratado en este blog por mi desconocimiento previo del problema, he ido asentando y sumándolo a los problemas energéticos, económicos, geopolíticos y sociales, y por lo tanto ecológicos, ya tratados en mayor o menor medida en estas publicaciones personales. Las conclusiones no son positivas en su conjunto, es más, diría que son desoladoras, pero asumir esto, como dice Jorge Riechmann, solo superando una fase de duelo, internalizando la derrota en la que estamos, podemos pasar a la acción sin miedo, buscando la utopía, y en ese camino, recuperar la esperanza en nuestro día a día, en busca de un ecologismo epicúreo.

Como civilización capitalista, industrial y “fosilista” estamos sentenciados, y tarde o temprano el castillo de naipes se desplomará, presumiblemente de forma violenta y abrupta. 

Recomiendo encarecidamente el libro "En la Espiral de la Energía" que podéis descargar de forma gratuita pinchando en el enlace.



Que el desencadenante sea por problemas de suministro energético,  consecuencia resultante de la disrupción climática en proceso (sequías y estrés hídrico, hambrunas, extinción de especies y agotamientos de caladeros de pesca), por escalada bélica o por shock financiero-económico es lo de menos. Todas estas bombas de relojería están haciendo “tic-tac” [nótese el guiño sarcástico a la campaña de circo político-mediático que estamos viviendo en España, en concreto al “firmante olvidadizo” del manifiesto “Última Llamada”], y tarde o temprano irán desatándose los efectos destructivos de las mismas, queramos o no aceptar esta realidad. Obsesionarse por el “cuando”, como personalmente he tenido fases bastante agudas también es un sinsentido, y además bloquea y desgasta, y por lo tanto no merece la pena. Mejor ir haciendo, y que lo peor, cuando llegue, nos pille construyendo alternativas, en paz con nosotros mismos y con nuestro entorno. Me gusta mucho, por lo gráfica y acertada que es, la metáfora del rascacielos en llamas y tambaleándose como nuestro sistema, y como las “cabañas” alternativas se deben ponerse en marcha fuera del edificio, si no queremos que nos aplaste en su caída. 

Nuestro complejo sistema, una Torre de Babel moderna y tecnológica


Eso si, hay que intentar desalojar al máximo esta estructura ruinosa e inestable, como de nuevo dice Reichmann (al que se habrán dado cuenta, admiro):

“No parece que esté ya en nuestra mano detener el ecocidio – que irá de consuno con un genocidio...

Mediremos la magnitud del fracaso en función del número de supervivientes. De si hemos podido evitar o no el genocidio. El Titanic se va a hundir, pero debemos maniobrar para evitar los peores escenarios y tener listos todos los botes salvavidas.”


A mi juicio, lo más triste y duro de todo esto, no son los aplastantes datos, sino la pasividad, el inmovilismo y/o la negación de la realidad de la práctica totalidad de la población. Parece que Medusa haya clavado sus múltiples ojos en nosotros, y nos hayamos tornado en estatua de sal frente a un contexto que nos supera por goleada. Y los que se han conseguido desbloquear, o los héroes que consiguieron evadir la mirada del monstruo mitológico, no solo realizan y seguirán intentando sacar adelante una tarea titánica, sino que han de enfrentarse al rechazo, ninguneo o incluso ataques de parte de la sociedad que en su bloqueo, tras la negación de los hechos, vuelca su ira contra el mensajero, tratando de “matatarlo” como si lo peligroso fuera su mensaje, y no lo que denuncia. La soledad y el rechazo social son lacras que minan y desgastan a las personas que dedican sus esfuerzos, su día a día y en muchos casos su salud, en pro de un cambio social tan radical y urgente, como necesario e inevitable. El coste social para con tu entorno social y seres queridos de implicarse y comprometerse puede ser bastante significativo, al menos en mi experiencia.

"Medusa" de Carvaggio



Tampoco hay que ser injusto, pues recorrer las fases del duelo que describió la Dra. Kübler-Ross es un proceso lento y complejo. A mi personalmente me ha llevado un par de años, y todavía hay días que doy pasitos para atrás. El mecanismo de negación, inherente al ser humano es el que más cuesta de superar. Después la ira, ya sea buscando culpables o derivando en conductas autodestructivas, puede llevar mucho tiempo, desgaste e incluso derivar en las próximas fases, negociación y depresión, de forma más o menos profunda, para llegar con suerte a la etapa última de aceptación.

Con todo esto no quiero decir que el trabajo y esfuerzo de múltiples colectivos e individuos, en temas de Transición, Decrecimiento, Crisis Energética, Cambio Climático, Divulgación Científica holística, transformación del modelo Social y cambio de Paradigma, etcétera, caiga en saco roto, sino que el cambio esta siendo más lento de lo que la realidad biofísica urge, al ser un movimiento todavía muy minoritario y el mensaje tremendamente incómodo para la mayoría social. Me gustaría presentar mi profundo respeto y admiración a todas aquellas personas que trabajan en esta dirección, pues son un ejemplo y una inspiración, y la labor que realizan no tiene precio. Todas estas personas son los verdaderos héroes y heroínas de nuestro presente.

La conclusión es que no aprendemos e interiorizamos la necesidad de cambio profundo que se requiere para la emergencia y encrucijada que nos ha tocado vivir. Por ello, me atrevo a decir que los cambios de adaptación a nivel social, sean positivos o negativos, llegarán a la fuerza, a base de duros golpes y dolor para una parte más que significativa de la población que todavía no es consciente de muchas de las problemáticas que tenemos ante nuestros ojos. El sistema capitalista, en todas sus vertientes, y de forma más aguda en su fase terminal, es experta en disgregar, atomizar y enfrentar a los distintos grupos sociales. Sus valores característicos, como el egoísmo, el individualismo son todavía predominantes y mayoritarios.  El papel de los medios de comunicación de masas, pese a estar en decadencia constatable, le permiten seguir dirigiendo el enfado social, la búsqueda de culpables, y la generación de falsas ilusiones de cambio a modo de maquillaje superficiale e insuficiente, que empujan a una pseudo-transición que trasmite a la mayoría social una sensación de cambio que se queda corta, y que tiene un recorrido muy limitado, y cuyo fracaso anunciado podrá desembocar en regímenes autoritarios, conflictividad social y descontento generalizado y agudizado, que va totalmente en la dirección opuesta a lo que sería deseable. El sistema se recicla y se auto-perpetúa , es especialista en ello. Muy probablemente se repetirán contextos pasados, adaptados al nuevo marco social y la realidad biofísica impuesta, tales como guerras, revoluciones violentas, más desigualdad y exclusión.


El deber moral de las personas conscientes de la situación precaria y de extrema debilidad, es seguir promoviendo y generando alternativas resilientes que regeneren el tejido social, de forma que más y más gente desencantada se pueda ir sumando a este proceso de cambio necesario e inevitable. Una tarea compleja, en la que desarrollamos una especie de complejo de Casandra, pero reconfortante, que muestre el camino, abriendo vías para la construcción de unos nuevos cimientos para una transición a escala sostenible y realista, tan deseable como utópica.

Mito de Casandra


Mis mejores deseos, y buena suerte, de verdad que la vamos a necesitar.