lunes, 25 de mayo de 2015

El "Gran Pesar": Como afrontar la pérdida de nuestro mundo









Traducción de  un artículo muy adecuado para la situación actual de grave crisis ambiental y climática, publicado en el blog "Over Grow The System" del psicólogo, economista y escritor Per Espen Stoknes, autor del libro "Que pensamos cuando intentamos no pensar en el Calentamiento Global":

Para responder de forma adecuada, primero hemos de llorar la pérdida


Por Per Espen Stoknes – commondreams.org

Los climatólogos dicen de forma abrumadora que nos enfrentaremos a un calentamiento sin precedentes en las próximas décadas. Estos mismos científicos, igual que tu o yo, pelean con sus emociones evocadas por estos hechos y terribles proyecciones. Mis hijos -que ahora tienen 12 y 16 años- seguramente vivirán en un mundo más cálido que los existentes en los últimos 3 millones de años, y se enfrentarán a retos que solamente estamos comenzando a contemplar, y en muchos aspectos se verán privados de la riqueza y diversidad del mundo en el que nosotros crecimos ¿Cómo sobre llevar - y vivir- con esta triste certeza?

En diferentes poblaciones, investigadores en psicología han documentado una larga lista de consecuencias en la salud mental: trauma, shock, estrés, ansiedad, depresión, duelo complicado, tensiones en las relaciones sociales, abuso de substancias, sensación de desesperación, fatalismo, resignación, pérdida de autonomía y sensación de control, así como una pérdida de identidad personal y profesional.

Esta mayor que "tristeza personal" es lo que he llamado el "Gran Pesar" -un sentimiento que surge en nosotros como de la misma tierra. Quizás osos y delfines, bosques clareados, ríos contaminados y el océano acidificado y cargado de plásticos llevan el dolor dentro de ellos, al igual que nosotros. Todas las noticias sobre el clima llegan con una sensación de temor creciente: ¿És demasiado tarde para cambiar el rumbo? La noción de nuestro dolor individual y pérdida emocional puede que sea realmente una reacción a la decadencia de nuestro aire, agua; y la ecología raramente aparece en las conversaciones y en los medios. Puede surgir como miedos a cerca de que tipo de mundo se enfrentarán nuestros hijos e hijas. Pero, ¿Dónde sacamos todo esto? Algunos lo descargan en privado a un terapeuta. Es como si se asumiera que este tema no debe de ser discutido públicamente.

El Gran Pesar me resurgió recientemente tras leer sobre corales al borde de la muerte debido al calentamiento de los océanos también al leer acerca de la sobrepesca de la merluza negra en océanos sobrecargados de plásticos ¿És esta una ola creciente procedente de los mares profundos, de la crueldad y tristeza de la destrucción en curso? ¿O solo una veleidad personal? Como psicólogo he aprendido a no burlarme de estas reacciones, o movimientos del alma, sino a honrarlos.

Un cuerpo creciente de investigación ha aportado evidencias sobre grupos de enfoque y entrevistas con personas afectadas por sequías, inundaciones y erosión costera. Una vez suscitados, los participantes expresan su profunda angustia causadas por la disrupción climática. Esto se agrava por la percepción de las respuestas inadecuadas y fragmentadas tanto locales, como nacionales y globales. En un estudio realizado por la investigadora Susanne Moser sobre comunidades costeras, un participante típico comenta: "Y realmente se establece, la realidad de lo que estamos tratando de contener aquí. Y parece casi inútil, con todos los organismos gubernamentales que se interponen en el camino, el gran costo de hacer algo así - parece que no hay esperanza. Y eso es un poco deprimente, porque amo esta zona". En otro estudio realizado por la socióloga Kari Norgaard, un participante que vive al lado del río exclama: "Es como que quieres ser una persona orgullosa, y si ligas tu identidad a la del río, cuando este se degrada, se refleja en ti". Otro informante, que ha experimentado sequías prolongadas explicó al equipo del profesor Glenn Albretch que incluso si "Usted tiene una piscina allí - pero usted realmente no quiere salir a la calle, es realmente asqueroso en el exterior, usted no quiere salir."

Una encuesta reciente llevada a cabo por el Proyecto de la universidad de Yale de Comunicación sobre Cambio Climático y el Centro de la Universidad George Mason de Comunicación de Cambio Climático mostraba esta alarmante estadística: "La mayoría de los estadounidenses (74%) dicen que solo raramente o nunca discuten sobre el calentamiento global con familia y amigos, un porcentaje que ha crecido de forma sustancial desde 2008 (60%)". El énfasis es mío.

Estas citas y estadísticas ponen de relieve la realidad de que muchos prefieren evitar o no habitar en esta tierra-"Mordoriana" de la eco-ansiedad, la ira, la desesperación y la depresión. Una de las funciones esenciales de la negación es que mejoran la vida en el corto plazo, al mantenernos más cómodos, al borrar de nuestro interior la oscuridad invernal que esta consciencia genera.

La encuesta sobre el clima, sin embargo, también tiene este hallazgo alentador: "Los estadounidenses son nueve veces más propensos a inclinarse hacia la opinión de que es responsabilidad de las personas cuidar de la Tierra y sus recursos (62%) frente a la creencia de que es nuestro derecho explotar la tierra y sus recursos para nuestro propio beneficio (7%) ".

Así que, ¿qué pasaría si en lugar de seguir evitando este daño, el dolor y la desesperación, o únicamente culpando a sectores -el corporaciones, los políticos, los agronegocios, madereros, o burócratas corruptos- del desastre, tratáramos de apoyarnos, y aceptar tales sentimientos. Podríamos reconocerlos como lo que son en lugar de negarlos como incorrectos, como una debilidad personal o culpa de alguien ajeno. Parece que, de alguna manera, es importante persistir y estar en contacto con la misma desesperación, ya que surge de la degradación del mundo natural. Como cultura, podemos descubrir algunas verdades insinuadas por los sentimientos, que tendemos a desacreditar como depresivas. Estas verdades reflejan con precisión el estado de la ecología en nuestro mundo. Más de la mitad de todos los animales se han extinguido en los últimos cuarenta años, según el "Living Planet Index". La mayoría de los ecosistemas están siendo degradados o utilizados de forma insostenible, según el "Millennium Assessment Report". Estamos viviendo en un evento de extinción masiva, según muchos biólogos, pero sin apenas ser consciente de ellos.

Índices de poblaciones de especies terrestres, marinas y de agua dulce. Índice de población general de vertebrados.


Con el fin de responder de manera adecuada, es posible que debamos llorar estas pérdidas. Un luto insuficiente nos mantiene adormecidos o atrapados en la ira contra "ellos", que sólo alimenta la polarización cultural. Pero para que esto suceda, la presencia de voces y modelos de apoyo son necesarios. Es mucho más difícil conseguir la aceptación de nuestras dificultades y la desesperación, para llorar sin afirmación y empatía explícita de otra persona.

El contacto con el dolor del mundo, sin embargo, no sólo trae duelo, sino que también puede abrir el corazón para llegar a todas las cosas que todavía viven. Se tiene el potencial de romper el entumecimiento psíquico. Tal vez también hay comunidades por encontrar entre las personas de buen corazón, entre los que también se puede admitir que han sido tocados por este "Gran Pesar", sintiendo el dolor de la Tierra, cada uno a su manera. Se necesita no sólo un luto individual, sino un proceso compartido que conduce hacia adelante, a un nuevo compromiso público por soluciones culturales. La elaboración de nuestras propias respuestas, lo más honestamente que podemos, como individuos y como comunidad, se está convirtiendo rápidamente en un requisito para la salud psicológica.

Para hacer frente a la pérdida de nuestro mundo, requerimos descender a través de la ira hacia el luto y la tristeza, no rápidamente, omitiéndolos para saltar al carro optimismo o escapar a la indiferencia. Y con esta profundización, el cuidado prolongado y la gratitud pueden abrirnos a lo que todavía está aquí, y para finalmente, para actuar en consecuencia.