jueves, 14 de enero de 2016

Relato I: España no fue Grecia, fue Ucrania

Estreno nuevo apartado de entradas, tipo relato de ficción, en las que se narrarán escenarios plausibles, sean distópicos o utópicos, con la intención de hacer pedagogía, advertir de tendencias y riesgos, e invitar a la reflexión. No hay intención de meter miedo o hacer entrar en ensoñación, pero a veces apelar a sensaciones humanas potentes puede servirnos para llegar a más personas, y si hay suerte que el mensaje cale, y evitemos los escenarios más duros, y tomemos la iniciativa, empujando hacía otros más amables con el ser humano y el resto de la biosfera.

En este primer relato, vamos a tratar el ámbito regional, con tintes políticos y sociales, pero dando pinceladas del contexto global y de otros aspectos relevantes para contextualizar el marco de la historia narrada.

España no fue Grecia, fue Ucrania




En la primavera de 2019, ya nadie dudaba que el mundo y la sociedad en la que vivíamos, e íbamos a vivir en adelante era radicalmente diferente a lo que conocimos hasta finales de la primera década del siglo XXI. El panorama social que se presentaba en la península ibérica era muy dispar, desde escenarios dantescos en grandes núcleos urbanos a pequeños resquicios de tranquilidad y sobriedad, en plena transformación y construcción, que tenía lugar en pequeñas ciudades y pueblos autogestionados.

Pero, ¿Cómo llegamos hasta esta realidad bipolar?

Muchas personas ven un punto de inflexión político y social en el año 2016, donde tras el desplome de los mercados financieros, y la sucesión de quiebras Estatales y Corporativas fruto de una espiral deflacionaria que estuvo "fermentando" durante los dos años anteriores, se radicalizó la realidad política de prácticamente todo el mundo, ya que la figura de los "Estados Nación" prevaleciente hasta la fecha, aunque en proceso de degradación constante, se volvió profundamente caduca, y en su agonía por perpetuar su poder, se desató una extensa colección de conflictos regionales internos, que hacían de comparsa a la "Gran Guerra por la Energía"(1), desviando en todo el mundo el foco de atención, dejando manos libres para hacer y deshacer al poder corporativo global en el saqueo más flagrante e inhumano de la historia de nuestra especie.

En España, justo durante los meses de caída del sistema económico global, se estaba cociendo el caldo que daría lugar a los 2 años y medio más convulsos desde la Guerra Civil. Las bases de esta situación se asentaron sobre dos pilares, uno el gobierno de coalición entre la terna PP-PSOE-Ciudadanos (este último quedó retratado como una mera herramienta para apuntalar las exigencias de "estabilidad" de los acreedores demandaban al Estado), o como ahora se le llama popularmente, el "gobierno de campo de concentración", que se justificó con el otro pilar, el que se llamó por parte del poder económico y político español, "el desafío secesionista Catalán". Esta otra "pata" de la situación, casualmente fue otro gobierno de coalición, en este caso en Cataluña, que integró a tan dispares actores como son CDC (parte de CiU), a ERC y a las CUP, que más tarde se escindieron, fruto de las incoherencias discursivas en las que incurrieron debido a la sofocante presión mediática a la que fueron sometidas desde los medios controlados por la burguesía catalana.

Esta realidad dio lugar al "frentismo", y con ello a la polarización de parte de la sociedad que cayó en la trampa elaborada por los poderes económicos y políticos que ambos pilares entramaron tan cuidadosamente mediante sus medios de desinformación. La cuestión no hubiera ido más allá de meras discusiones y tensiones de no ser por la profunda depresión económica en la que se vio sumida todo Occidente, y que afectó de manera especialmente virulenta a los países más endeudados  y dependientes de la importación de energía del exterior, como era el caso del Estado Español.

En concreto, la caída en desgracia de Argelia, uno de los principales proveedores de gas de España, y la crisis de deuda soberana del Estado Español, supusieron el inicio del conflicto, que se alargó por más de dos años. Desde el gobierno de Madrid, se culpó a Cataluña de la quiebra estatal, olvidando el endeudamiento al que los mismos que gobernaban habían llevado al país; mientras, en Cataluña, señalaban a Madrid como responsables del estrangulamiento económico y energético al que se estaban viendo sometidos. A finales de 2016, la autonomía de Cataluña fue derogada por el gobierno central, cerrándose gran parte de la financiación catalana; por contra, desde Barcelona, se siguió avanzando en "El Proces", creando su propio fisco, que sirvió para mantener parte del capital que sostendría, eso si, muy debilidada, a Cataluña.


Gran parte de la población "compró" este discurso exculpatorio vociferado a bombo y platillo por las televisiones, los periódicos y otros medios de comunicación, lo que supuso un auge sin precedentes de las tensiones sociales, y una radicalización de no solo los dos contendientes del "frentismo", sino que afectó, positivamente en la opinión de mucha gente, al discurso de la izquierda emergente, que por fin abrazó el Decrecimiento y la Transición como estrategia en este contexto tan convulso. Ello supuso que, en un contexto de bipolarización, surgiese un tercer flanco, que para suerte de parte de la sociedad, se unió a la construcción de alternativas de base, alejándose del enfrentamiento promovido desde el poder económico y político imperante. 

Durante casi un año, vimos en el congreso, tanto en el de Madrid como en el de Barcelona, discursos de ecología política, municipalistas, anticapitalistas y verdaderamente transformadores, que no caían en la lógica del "frentismo", y que cuya voz se veía reducida a fuentes on-line y activismo callejero. Influencias de personas como Riechmann en Podemos y las confluencias, sorpresivamente ganaron enteros frente a los Navarros y Torres conforme la depresión económica y el estrangulamiento financiero imposibilitaron el endeudamiento necesario para llevar a cabo sus propuestas Neokeynesianas.

Pero esta situación se acabó pronto, pues a mediados de 2017, el "gobierno de campo de concentración", cada vez más cohesionado, cual Can Cerbero, con sus tres cabezas promulgo una serie de leyes express para ilegalizar lo que llamarían "antisistemas decrecionistas" (véase que en vez de usar el término "decrecentista", usaron una deformación de la palabra que sonoramente podía asociarse a "creacionista", toda una lección de neolengua). Pronto con la aplicación de la nueva ley se expulsó del congreso el discurso incómodo para el mantenimiento del crecimiento económico en el altar que los acreedores apuntalaban para sus intereses, y desde el cual se justificaban tropelías tan absurdas como inefectivas en un contexto de caída libre, y de "decrecimiento infeliz" desbocado.
Curiosamente, mientras el president y su consistorio en Cataluña mantuvieron el TTIP en la agenda, no había habido enfrentamiento directo; pero cuando se suspendió la aplicación del tratado, al caer el gobierno de coalición, todo se aceleró, y el apoyo internacional cayó del lado del gobierno Español. En esta etapa los cambios en el "gobierno de campo de concentración" fueron ya poco disimulados, y a cara de perro. Entraron elementos de extrema derecha, filo-fascistas y xenófobos en el ministerio de defensa, de forma similar a la acontecida en Ucrania, y otros ministerios como el de Industria y fomento fueron tomados por grandes personalidades del IBEX35, justificándose la necesidad de perfiles tecnocráticos dada la delicada situación. Bajo este paraguas, también se aplazaron elecciones hasta nuevo aviso, dado que según el gobierno, la mayoría amplia que otorgaba el tripartito dotaba de la estabilidad necesaria que necesitaba el país.

Fue a partir de entonces cuando se recrudeció el conflicto, con un congreso homogéneo en el que el "desafío catalán" y los "antisistema decrecionistas" eran los únicos problemas que eran considerados. Fue en Septiembre de 2017, días antes la Diada en Catalunya, jornada en la que presumiblemente se declararía la independencia de forma unilateral, cuando se dio la orden de entrar con el ejército a "defender la integridad" del Estado Español. Una integridad, que por cierto, solo existía ya en la mente de sus señorías y de las minorías que podían mantener a duras penas su nivel de vida, a base de una exclusión social sin precedentes.
 
La entrada en Cataluña fue algo bastante efímero, pero muy agresivo y violento, causando una verdadera batalla campal, que se saldó con numerosas bajas en ambos bandos, pero sobre todo pérdida de vidas civiles que solo tuvieron la mala suerte de estar en el lugar equivocado. Dada la carestía de mantener una ocupación y las exigencias por parte de la OTAN de presencia militar española en Argelia y Mali, pronto se retiró el ejército. Entonces, el Estado Español cambió de estrategia, asesorada por la OTAN y los acreedores, se planificó un aislamiento total de Cataluña, y las pocas fuerzas armadas que se mantuvieron en territorio peninsular, fueron para bunkerizar un gobierno con cada vez menos apoyo en sus pocos bastiones.


En el comienzo del verano de 2018, gran parte de las sociedades en la península ya se las apañaban al margen del Estado, que solo era medianamente operativo en las grandes ciudades y en lugares estratégicos por motivos económico o energéticos. Esta debilidad progresiva, dio lugar a la emergencia de redes de colaboración y apoyo mutuo que trabajaban duramente en pro de generar resiliencia comunitaria, y que de forma esporádica, se veían sorprendidas por los tentáculos del Estado, desarrollándose en toda la península y en las islas enfrentamientos tipo guerrilla, que pronto se disolvían por la escasez de fuerzas de ambas partes, y sorprendentemente por un incremento esperanzador en la deserción en las fuerzas armadas, no sabemos si por los retrasos en las nóminas o por el simple desgaste y deslegitimación de un régimen que ya solo se preocupaba por mantener sus islotes de riqueza protegidos por mercenarios a sueldo. 

Grandes migraciones se produjeron en un éxodo rural sin precedentes, quedando las ciudades muy despobladas, como vertederos de los cuales hacer minería urbana y como guetos donde reinaban contrabandistas de toda índole. Hasta llegar a este punto, se paso por años durísimos, en los que la población más frágil, dependiente de atención sanitaria y medicamentos pereció sin oportunidad alguna.

Nunca imaginamos la velocidad de un colapso civilizatorio que muy pocos visualizaban en el corto plazo, y cuya vorágine de acontecimientos asumieron una suerte de curva exponencial. Recién entrado el 2019, la máxima preocupación en las islas de ruralidad era la escasez de agua y la falta de estacionalidad debida a la disrupción climática, pues todas las personas recordaban la gran sequía que entre 2017 y 2018 provocó la pérdida de gran parte de las cosechas, y con ello una hambruna sin precedentes. Por suerte, después vino un periodo con grandes lluvias, y en muchos sitios ya habían puesto a punto sistemas y diseños para la captación y gestión del agua, que dieron un respiro a la crisis hídrica.

Las noticias que llegaban de fuera lo hacían con cuentagotas, y en muchos casos con información contradictoria, por lo que se hacía difícil saber que estaba sucediendo. Parecía que la primera oleada del colapso se había capeado, la energética-económica, y con su caída, se habrían puertas a nuevas formas de convivencia, y se detenía el forzamiento climático, aunque sus inercias sospechábamos que traerían cola. Como ya pasó con la caída de la Unión Soviética, la rapidez en la desaparición del modelo hegemónico, en apariencia inamovible, sucedió orgánicamente, y nuevas estructuras emergentes se visualizaban germinales a nuestro alrededor.

Por desgracia, otras crisis también se oteaban en el firmamento debido a la brutal extralimitación en la que se había visto inmersa la civilización capitalista globalizada, la climática y la ecosistémica, que llevaban a la hídrica en brazos; pero el hecho de haber superado, aun duramente el primer envite, y encontrarnos en una posición de dignidad y sobriedad, nos llenaba de optimismo para seguir viviendo día a día, trabajando y reparando los maltrechos suelos, en contacto diario con la tierra nutricia que tan agradecida con nuestra especie se había mostrado a lo largo de nuestra breve existencia.



(1) Relato II